La ciudad
costera de Sharm el Sheij en Egipto, a orillas del mar Rojo, será la sede de la próxima Cumbre del Clima
COP27, programada para 2022. En un comunicado, el Ministerio de Medio Ambiente
de Egipto ha anunciado que la ciudad, ubicada en el sur de la península del
Sinaí (noreste), acogerá la próxima cumbre climática, después de que el país de
los faraones fuera uno de los principales candidatos.
De acuerdo con
la nota, la titular de Medio Ambiente, Yasmine Fuad, ha expresado su
agradecimiento a todos los países, "especialmente a la parte africana, por
su confianza y apoyo" hacia Egipto. Asimismo, ha hecho un llamamiento a
"unir los esfuerzos del mundo para hacer frente al desafío del cambio
climático, cuyos efectos no diferencian entre países, y que requiere medidas de
múltiples partes activas, dinámicas y cooperativas". La ministra ha
añadido que la próxima cumbre COP27 será una oportunidad para
"intercambiar ideas y visiones y trabajar arduamente para llegar a
decisiones justas, equilibradas e integrales para acelerar la adopción de
medidas reales" contra el cambio climático.
La ciudad de
Sharm el Sheij ha acogido numerosas conferencias regionales e internacionales,
que han reunido a numerosos líderes del mundo en los pasados años. Egipto sufre
las consecuencias del cambio climático, con temperaturas extremas, sobre todo
en las zonas desérticas, y el Gobierno egipcio ha expresado su preocupación por
cómo puede afectar a sus niveles de agua, especialmente en el Nilo.
El Reino
Unido, anfitrión de la cumbre de la ONU sobre el cambio climático en Glasgow,
ha hecho publicó el borrador del proyecto de decisión política de la
conferencia, que se negociará en los próximos días. En él se insta a los países
a fortalecer sus planes nacionales de acción climática a finales de 2022. Es
decir, se quiere que los países vuelvan a presentar contribuciones con
reducciones adicionales de gases invernadero el año próximo, visto que los
planes presentados hasta ahora quedan lejos de cerrar la brecha de las
emisiones que deben recortarse.
Este borrador
pide a los países que "revisen y fortalezcan las metas de 2030 en sus
contribuciones determinadas a nivel nacional, según sea necesario para
alinearse con la meta de temperatura del Acuerdo de París para fines de
2022". El documento también recuerda a los países que, bajo el Acuerdo de
París, pueden presentar compromisos climáticos nuevos y más ambiciosos en
cualquier momento que lo deseen. Igualmente, insta a las partes que aún no han
presentado contribuciones nacionales nuevas o actualizadas a que lo hagan lo
antes posible y antes de la próxima conferencia de las partes del año próximo.
India sería un ejemplo. Se reclama a las
partes que no lo hayan hecho a que comuniquen antes del año próximo estrategias
de desarrollo a largo plazo "con planes y políticas encaminadas a
transiciones justas a cero emisiones netas para mediados de siglo o hacia
mediados de siglo, en consonancia con el objetivo de temperatura del Acuerdo de
París"
Asimismo, por
primera vez, pide a los países que eliminen gradualmente los subsidios al
carbón y a los combustibles fósiles. Se trata ahora de comprobar si los países
aceptarán la propuesta para cerrar la brecha entre sus objetivos climáticos
actuales y la acción más ambiciosa necesaria que reclaman los científicos para
sortear los impactos más desastrosos del calentamiento. El impulso para revisar
al alza los planes de acción climática se considera necesario porque las
promesas actuales de los países para 2030 conducirían a un calentamiento de 2,4
° C como mínimo.
En el borrador
del acuerdo, destaca muy especialmente la petición a que los países
"aceleren la eliminación gradual del carbón y los subsidios para los
combustibles fósiles", una demanda de los activistas del cambio climático.
En un movimiento significativo, los países se autoexigirán unos a otros a
“acelerar la eliminación gradual del carbón y los subsidios a los combustibles
fósiles” si bien no se hace ninguna
referencia explícita a poner fin al uso de petróleo y gas.
En los últimos
años las naciones desarrolladas han emprendido planes para cerrar las centrales
eléctricas de carbón, que son una fuente importante de gases que atrapan el
calor, pero ésta sigue siendo la fuente de electricidad clave en los sistemas
energéticos de países como China e India.
Otra novedad
de la propuesta de acuerdo es la decisión de “establecer un programa de trabajo
para ampliar urgentemente la ambición y la aplicación de la mitigación durante
la década crítica de la década de 2020”. La creación de este programa de
trabajo tiene importantes repercusiones. Disponer de un programa de trabajo
significa que este asunto estará permanentemente en la agenda de cada
conferencia del clima anual; esto es: cada año se abordará esta brecha entre lo
que los países están recogen en sus planes de acción climática y el nivel de
recortes de emisiones necesarios para mantenerse dentro de los objetivos de
1.5ºC y 2ºC. Igualmente el documento pide a los países desarrollados que
proporcionen recursos financieros para ayudar a los países en desarrollo tanto
en las áreas de mitigación como de la adaptación; y reconoce “las crecientes
necesidades” de estos últimos “debido a los impactos del cambio climático y el
creciente endeudamiento como consecuencia de la pandemia”.
Se ratifica el
compromiso de movilizar una financiación climática de todas las fuentes que
supere los 100.000 millones de dólares al año. Y se acoge con satisfacción los
recientes compromisos asumidos por muchos países desarrollados de aumentar su
provisión de financiación climática en el período 2021-2025 y espera que estas
partes proporcionen "mayor claridad en los compromisos".
El texto
reafirma el objetivo del Acuerdo de París de mantener el aumento de la
temperatura media mundial muy por debajo de los 2 °C respecto a los niveles
preindustriales y proseguir los esfuerzos para limitar el aumento de
temperatura a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. También
reconoce que el impacto del cambio climático será mucho menor con un aumento de
temperatura de 1,5 °C en comparación con 2 °C. Por eso, se resuelve continuar
los esfuerzos para limitar el aumento de temperatura a 1,5 °C, y se reconoce
que esta meta "requiere una acción significativa y efectiva por parte de
todas las partes en esta década crítica".
Igualmente, el
documento reconoce también que limitar el calentamiento global a 1,5 °C para
2100 requiere "reducciones rápidas, profundas y sostenidas" de las
emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Estas reducciones de gases
invernadero deben ser de un 45% para
2030 en relación con el nivel de 2010 y llegar a un balance de emisiones netas
cero para alrededor de mediados de siglo.
La
vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera,
considera que el borrador de acuerdo presentado en la cumbre climática de la
ONU (COP26) es un buen punto de partida, pero aún se puede avanzar en aspectos
como la financiación a los países en desarrollo o la transparencia. Según
declara "Hay algunas cosas que nos gustan. Nos gustan las soluciones basadas
en la naturaleza, la restauración de ecosistemas, de bosques. Reclamamos una
presencia mucho más clara del compromiso con el océano, pero yo creo que es una
base de partida muy interesante que confío sea mejorada en estos días”.
La
vicepresidenta española comentó también que "es capital que las decisiones
sean también consecuentes y se refuercen todos los elementos en mitigación y en
reporte, en transparencia con respecto al cumplimiento de objetivos y capacidad
de ir siguiendo qué significa la acción concreta, no solamente la fijación de
objetivos".
Las reacciones
al borrador no se han hecho esperar. La Alianza de los Pequeños Estados
Insulares (AOSIS) consideró el texto como "una base para el progreso (que)
debe fortalecerse (...) en particular para satisfacer las necesidades de los
más vulnerables", incluida una dotación específica para "pérdidas y
daños".
Para Jennifer
Morgan, directora de Greenpeace International, "este no es un plan para
resolver la crisis climática, sino un acuerdo para cruzar los dedos con la
esperanza de que todo salga bien. Una solicitud cortés a los países de si es
posible, tal vez, hacer más el año que viene”.
Greenpeace opina que el borrador aún no incluye los contenidos concretos sobre los tres objetivos principales de la conferencia:
1) que las
naciones ricas movilicen más 100.000 millones de dólares al año en ayuda para
la mitigación y la adaptación al cambio climático y concretando las cantidades
a partir de 2025.
2) garantizar
que la mitad de ese dinero se destine a la adaptación frente a las peores
consecuencias de calentamiento en los países pobres.
3) la promesa
de más emisiones de emisiones, algo que sí menciona.
Para Mohamed
Addow, director del centro de estudios Power Shift África, dijo: "hay
mucho sobre la aceleración de la reducción de emisiones, pero muy poco sobre
las principales demandas de los países pobres".
El Fondo
Mundial para la Naturaleza acogió con satisfacción el llamamiento a la revisión
de los planes de reducción y la referencia a los combustibles fósiles, pero
destacó que el texto debía ser "un mínimo, no un máximo", pues
contiene puntos que mejorar.
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